Rompiendo todo principio democrático, ético, moral, estatutario y de respeto a la militancia, Gabriela recibió la orden de regresar a Ecuador para enfrentar el cambio de emisario, de recadera de las disposiciones del “jefe” (en las mafias les llaman capos) y reagrupar a sus compañeros en el redil. Con algunos inconvenientes propios de la prepotencia y el abuso de poder, el mandato se cumplió a raja tabla y todos -con excepción de algunos líderes que han recuperado su pensamiento propio y la dignidad- cumplieron el primer acto del guion que fuera vigilado y dispuesto de viva voz desde la clandestinidad.
Sin embargo, como el dueño de la organización no está 24/7 activo y el cambio de horario con la clandestinidad tiene un gran lapso de diferencia, algunos temas que se presentan de improviso y que tienen una larga cola de desprestigio, no pueden ser consultados para saber qué decir, qué responder o qué mentir; pues, la Presidenta, ejerce su cargo y responde a priori, usando la lógica, más aún, si se trata de la prensa corrupta… como dice su mentor.
Reconocer la autenticidad de los chats del caso “Metástasis” por los videos que muestran a su compañera María Fernanda en franca cooperación criminal y algunas jugarretas particulares, es reconocer que la organización estaba en clara cooperación con la mafia de Leandro Norero y su estructura criminal. La Gaby le dice al Ecuador y al mundo que se cayó la teoría del “Lawfare”, y con resignación, repite una máxima que dice: “LA VERDAD ES… Y NO TIENE REMEDIO”. Que la huida de Aliaga, Alvarado, Duarte, Verduga y una larga lista de prófugos es el resultado de haber ejercido un gobierno mafioso; es reconocer que la justicia no es un menú a la carta que lo escogen con Polit, Celi, el diablo, Muentes y una larga lista de magistrados corruptos; sino que, la justicia es un proceso ordenado de pruebas, relatos, hechos, indicios que no pudieron eludir.
La peor de todo este capítulo doloroso de la politiquería ecuatoriana es que se implantó en Ecuador “la cultura de la mafia”, la cual, destruyó la confianza que tienen los ciudadanos en las instituciones, según Juan Luis Mejía, […]»es muy grave puesto que son los vínculos de confianza entre los ciudadanos y el Estado los que permiten el buen gobierno»[…] para que esto se termine les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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