¿Quiere el gobierno otro descalabro en Nangora?

Hace un año los deslizamientos en Nangora, en la vía Loja-Vilcabamba, significaron eminente riesgo de muertes y millonarias pérdidas para emprendedores, agentes turísticos, sector de la construcción y todo tipo de negocios que prácticamente agonizaron por meses frente a la inoperancia indolente del gobierno. Significaron también una alteración sustantiva al derecho de goce y vida plena de quienes, con devoción, acuden y acudimos cada fin de semana a disfrutar de las eternas bondades que nos ofrece Malacatos, Vilcabamba, Yangana y Quinara. Para entonces fue la iniciativa privada la que finalmente logró presionar para que el Ministerio de Transporte y Obras Públicas trabaje, aunque a paso de tortuga, en medidas de remediación, al final ampliamente superadas por el trabajo de particulares que, con bienes y persona, lograron controlar la situación y habilitar el paso. 

Hoy, un año después, otra vez la temporada invernal constituye una verdadera amenaza ante la inutilidad arbitraria del gobierno, pues desde entonces no se ha hecho absolutamente nada para solucionar de manera definitiva y altamente técnica este problema, que no es menor, y que requiere una intervención prioritaria y urgente a nivel general, pues a lo largo de todo el Eje Vial 4 la situación es crónica y dramática. Lo que debería ser una vía expedita, hoy no solo es un peligro para la vida humano sino, además, un vergonzoso retrato de la marginación a la que nos han sometido en estos últimos años.

Como ya es costumbre del gobierno del ´Nuevo Ecuador´, con la complacencia melosa de gran parte de los medios de comunicación, todo quedó en visitas, fotografías, anuncios engañosos y mentiras, pues ni un solo dólar se ha invertido en reponer una carretera que es imprescindible para mover la economía de nuestro suroriente, y para promover las infinitas magnificencias de estos valles que nos hacen únicos en el mundo.

Pese a mi pesimismo lúcido, me anima la esperanza de que nuevamente el sector privado esté presionando e interponiendo sus mejores oficios para evitar que, en este invierno, exista un nuevo descalabro. Pero es triste que un pueblo tan golpeado por el poder tenga que organizarse así frente a un gobierno tan gandul y pusilánime. Aunque no nos sorprende. Loja nunca le ha importado a la plutocracia que impera impunemente en la República.

José Luis Íñiguez G.

joseluisigloja@hotmail.com

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