En nuestro país, la planificación de los territorios se viene aplicando desde hace algunas décadas atrás, sin embargo, los pueblos no han despuntado hacia el aún utópico desarrollo sostenible; considero que uno de los principales motivos de este estancamiento se da por la falta de un pensamiento estratégico y racional por parte de las autoridades de turno, expertos en el tema indican que el pensamiento estratégico es el centro neurálgico de la planificación que transforma la visión en acción.
A nivel local, existen múltiples herramientas de planificación territorial como los planes de desarrollo, planes de ordenamiento territorial, planes operativos anuales, etc., mismas que debería ser aplicadas eficientemente por parte de las autoridades locales, para de esa manera aterrizarlas en políticas públicas y posteriormente en acciones que: (1) aseguren el uso eficiente de los recursos económicos y humanos, (2) prioricen la dotación de servicios básicos, (3) instauren el orden y seguridad en cada territorio, y (4) generen fuentes de empleo fuera de la institucionalidad pública. En el mismo contexto, deberían funcionar las instancias de participación ciudadana (ejemplo: los Consejos de Planificación Local) para hacer evaluación continua de la planificación y ejecución de proyectos, por parte del ente ejecutivo de cada institución municipal o parroquial.
Si la planificación territorial no va acompañada de un pensamiento racional, nunca tendremos desarrollo en nuestro querido terruño.
Benjamín Ludeña Guamán
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