El turismo comunitario florece con los guayacanes

El reciente florecimiento de los guayacanes dejó una estela dorada no solo en los bosques de Mangahurco, sino también en la economía local. Las imágenes del paisaje pintado de amarillo son el imán, pero es en las comunidades de paso, como Pindal, donde se materializa el verdadero impacto del turismo.

Los días 16, 17 y 18 de enero, las calles de este cantón se vieron copadas, evidenciando una afluencia masiva que desbordó incluso los servicios básicos, como las estaciones de combustible, que extendieron su horario hasta las 21:00 para abastecer la demanda, ante la cola interminable de vehículos.

Este escenario, de hoteles «a reventar» y restaurantes con mesas llenas, es la faceta más visible y tradicional del auge turístico. La demanda fue tan grande que muchas familias de Pindal, ante la saturación de la infraestructura formal, tuvieron la iniciativa de arrendar habitaciones en sus propias viviendas. Este no es un dato menor; es el germen de un modelo transformador.

Aquí reside la oportunidad de oro, más allá del florecimiento efímero. Este instinto de apertura de las familias no debe quedar como una solución de emergencia, sino cimentarse como un pilar estratégico.

En lugar de que la ganancia se concentre solo en establecimientos formales, se puede crear una red donde las señoras ofrezcan alimentación típica, los jóvenes sirvan como guías locales, y las familias provean alojamiento auténtico, compartiendo su forma de vida.

Relacionar directamente este fenómeno natural con el turismo comunitario es el siguiente paso. El guayacán es un evento de la naturaleza, pero la experiencia del visitante la construyen las personas. Pindal, y toda la región, tiene la chance de evolucionar de ser un simple «punto de paso» a convertirse en un «destino de experiencia».

Esto implica organizar a las comunidades, capacitarlas en atención al cliente y gestión, y crear circuitos que integren la observación del florecimiento con la cultura local, la gastronomía ancestral y el conocimiento del bosque seco.

César Sandoya Valdiviezo

cesarsandoya@hotmail.es

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