El derecho de soñar

“El hombre no es más que un junco, el más débil de la naturaleza, pero un junco que piensa”, sostiene- no con poca mucha razón- Blaise Pascal.

Desafortunadamente, con las excepciones de rigor, hemos infectado esta hermosa característica del ser humano, convirtiéndola en odios, calumnias, envidias y egoísmos. Esta activa y alerta de intranquilidad del hombre nos está hundiendo en un pantano.

Se impone, pues, que restauremos el sentido del valor del pensar, razonar, reflexionar y meditar, si no deseamos sucumbir víctimas de nuestras propias acciones. Basta para ello aplicar unos principios básicos. En primer lugar, hemos de restaurar el verdadero objetivo del pensar, que no es otra cosa que “formar o combinar ideas o juicios en la mente, especialmente para estudiarlas, comprenderlas bien, formarse una opinión sobre ellas y tomar una decisión”.  En segundo término, hemos de usar los razonamientos honestamente para buscar respuestas a ciertos interrogantes y abordar reflexiones y críticas que nos conlleven a la generación del conocimiento. En tercer lugar, hemos de crear reglas que orienten nuestras acciones en procura de amar y hacer el bien al prójimo, ya sea a través de un pensamiento, una acción o un sentimiento. Finalmente, hay que reflexionar para encontrar la verdad, la armonía, el equilibrio, la paz o la libertad y todo lo que favorece al bienestar individual y colectivo.

No en vano sostiene Pascal que “el hombre esta visiblemente construido para pensar, esta es toda su dignidad y todo su mérito, y todo su deber consiste en pensar como es debido”, las negritas son mías.

Ojalá que este comentario, tenga la virtud de provocar un debate que nos haga analizar y pensar; y, nos ayude a retomar el verdadero sentido del pensamiento, como el mejor modo de razonar en bien de nuestros semejantes. No es nada fácil, pero aún hay vida en nuestros sueños.

Jaime A. Guzmán R.

jaimeantonio07@hotmail.es