En la guerra no hay vencedores y vencidos: ¡todos estamos vencidos! Parafraseando a Pablo de Tarso, si una parte del cuerpo sufre, todos sufrimos. La guerra produce muerte, dolor y sufrimiento a la humanidad entera. Es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente.
Sólo le pido a Dios… por ese hombre, esa mujer, tal vez un niño o un anciano, una familia, que huyen sin tener a dónde huir. Soy yo, tú, él, nosotros, que no queremos la guerra, que no queremos morir, que no queremos matar en conflictos demenciales que han enloquecido a todos.
Sólo le pido a Dios… por aquellos, violentos o pacíficos, de cualquier parte del mundo que acertaron a nacer o vivir en un lugar del planeta, que les tocó asesinar o ser asesinados ¡sin que ninguno sea héroe! Pues, mató o murió por nada, solo por una siniestra casualidad nada causal.
Solo le pido a Dios… por los inocentes y también por los culpables, por los que matan y mueren obligados por intereses mezquinos de imperios que sueltan o atajan la violencia a su antojo en ocho grandes guerras y decenas de conflictos armados de menor intensidad en el mundo entero.
Sólo le pido a Dios … que la guerra no me sea indiferente… sino como a aquellas madres rusas y ucranianas que recogen la identificación de los soldados muertos y envían a sus madres la noticia de su hijo muerto en el frente. En estos gestos de humanidad está la respuesta de los corazones buenos y valientes que son victoria que sostiene al mundo.
Sólo le pido a Dios, que la guerra no me sea indiferente…que estemos indignados, pero atentos; asustados, pero en pie; enfadados, pero caminando; solidarios con los de lejos y también con los de cerca, con los míos y los nuestros.
El mundo, el país, la familia, yo mismo estoy en un momento crucial, pidámosle a Dios que la guerra no nos sea indiferente…
Zoila Isabel Loyola Román
ziloyola@utpl.edu.ec