Abogado probo

Hoy que celebramos el día del Abogado, recuerdo las razones por las cuales me formé como Abogado. Desde niño, al ingresar en mi domicilio observaba el clásico estante de libros, ya en la adolescencia, buscaba los libros que debía leer como deber de castellano y posteriormente de literatura. Descubrí varios libros de Derecho en diferentes ramas y por curiosidad aprendí la concepción del Derecho como ciencia y sus diferentes ramas. Recuerdo libros en cuyas páginas había líneas subrayadas con esfero de color rojo y azul y al margen algunas notas de resumen. Eran las notas de mi padre, que evitaron mi lectura de todo el texto y al leer dichas líneas subrayadas entendía de qué se trataba el libro.

Crecí con lecturas de Derecho Civil, Derecho Penal, Derecho del Trabajo y Derecho Procesal y tratando de aprender el significado de los términos usados que debía buscar en los tres diccionarios de vocablos jurídicos que tenía. No fue difícil, en tercer curso del Colegio conocer mi vocación por ser Abogado. Jamás se me hizo difícil aprobar la Universidad y graduarme, lo difícil es, mantenerme como Abogado en el ejercicio de mis funciones, tratando de que las personas entiendan que las leyes se hicieron para cumplirlas y que no puede llamarse Abogado quien desea quebrantar las leyes por dinero, quien traiciona a su cliente y le perjudica mediante un litigio o acuerdo. Me formé como Abogado para coadyuvar en el respeto a los derechos de las personas y mantener la probidad en mi accionar. El Abogado debe ser probo.

Manuel Salinas Ordóñez

masalord@hotmail.com

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