Principios con horario de oficina

Qué facilidad tenemos para acomodar los principios. Casi da gusto.

La soberanía importa… dependiendo de qué país mande los soldados. La presunción de inocencia es sagrada… salvo que el detenido nos caiga mal. La libertad de prensa merece respeto… mientras el periodista pregunte lo conveniente. Y las reglas electorales son impecables, naturalmente, cuando dejan fuera al adversario.

Así vamos, patria.

Mientras tanto, las industrias son obligadas a reducir su consumo eléctrico para cuidar un sistema nuevamente bajo presión de apagones. En los hospitales todavía hay pacientes comprando afuera lo que deberían encontrar adentro, mientras otros se manifiestan fuera a Carondelet pidiendo insumos médicos para no morir. Y la cooperación militar extranjera avanza hasta Taura, donde el propio Gobierno proyecta concentrar operaciones internacionales.

Nada de eso obliga a inventar conspiraciones. Basta con preguntar. Pero parece que preguntar también adquirió ideología.

Lo preocupante es que estamos convirtiendo los principios en objetos de alquiler: hoy sirven, mañana estorban.

Y mientras ciudadanos nos peleamos felices entre “zurdos”, “fachos”, correístas y anticorreístas, el poder, cualquier poder, descubre algo maravilloso: una sociedad dividida vigila mucho menos.

Los medios tienen allí una responsabilidad enorme. Informar no consiste en administrar silencios ni escoger al funcionario que merece preguntas suaves. Mucho menos en confundir información con propaganda.

Soy de quienes todavía creen que la política debe servir a la persona y no al revés. Que la justicia social no es resentimiento. Que producir riqueza importa, pero también importa cómo se distribuyen las oportunidades. Y que ninguna ideología convierte automáticamente a alguien en honesto.

Tal vez deberíamos recuperar una costumbre bastante sencilla: pensar antes de defender.

Porque cuando los principios cambian según el nombre del gobernante, ya no son principios.

Son conveniencias.

Y eso en tiempos electorales, se evidencia mucho más.

Álex Daniel Mora Arciniegas

alexmorarciniegas@gmail.com

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