Listón amarillo y silencio masculino

Me pregunto qué pensaba Mike mientras pintaba su auto de amarillo antes de desvivirse o qué dolor no tratado llevaba a cuestas. Cuántas veces pidió ayuda y no la recibió; porque sí, vivimos en una sociedad teatral llena de campañas inspiradoras, pero también de insultos y denigración. Ya nadie mira a los ojos ni empatiza. Entonces, ¿cuándo acompañamos realmente? ¿Cuándo conectamos?

Como Mike, el 77,6 % de varones ecuatorianos mantuvieron en silencio su dolor hasta que un día decidieron no seguir. Su historia nos deja un mensaje claro: toda vida importa, debemos cuidar la salud mental a tiempo y el suicidio es un problema gubernamental, familiar y social.

De ese dolor surge el símbolo: un listón amarillo para los hombres que, por no poder proveer, se sienten sin valor; para los que luchan contra la depresión o la infidelidad. Un listón amarillo para quienes son cadáveres emocionales por falta de responsabilidad afectiva, y para las madres solteras que luchan en silencio.

Nunca sabremos sus metas o sueños, porque aprendimos a mirar hacia otro lado y solo reaccionamos ante la tragedia. Quiero creer que, mientras pintaba su auto, pensaba en lo más bonito de su vida como el hilo que lo conectaba con ella.

Muchos hombres sufren en silencio porque se les enseñó que demostrar emociones los vuelve débiles. Pero nadie es débil por sentir, amar, envidiar u odiar. Solo somos débiles cuando dejamos de empatizar y conectar; cuando escuchamos, pero no oímos, y cuando vemos, pero elegimos no ver.

Luz Marina Jimbo Ponce

jimboponceluz@gmail.com

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