El Núcleo de Loja de la Casa de la Cultura Ecuatoriana lanzó la semana anterior una cartilla que resume y valora el legado de Félix Paladines Paladines. El pequeño homenaje constituye en sí mismo un prodigio de síntesis, agradable e inteligente, de la vida y obra del gran escritor. Redactada con sobriedad y editada con buen gusto se me antoja como un pórtico incitante que invita a recorrer las muchas sendas por donde transitó el pensamiento de quien, para muchos de los de mi generación, constituye el ejemplo del hombre dedicado al cultivo del intelecto.
Este acontecimiento me permitió visitar nuevamente los trabajos mayores que consolidaron su prestigio académico e intelectual. Encontré nuevamente el estilo claro, elegante y conciso que recordaba. Las afirmaciones valientes sobre nuestros defectos y cualidades. La amplia erudición que le permitió conectar informaciones de campos diversos para sustentar las tesis que constituyen el hilo conductor de sus libros. Estas tesis, me adelanto a decirlo para quien no lo haya leído, parten de una pregunta que nos atenaza desde hace siglos: ¿por qué somos como somos los lojanos? La respuesta a esta duda fundamental debe proveer de esa identidad que todos los pueblos necesitan y que es la piedra angular de su visión de la vida, de sus aspiraciones, de los sueños que construyen realidades.
Durante la conversación que siguió al acto formal se discutió sobre el carácter interdisciplinario de la obra de Félix Paladines, así como sobre su insaciable curiosidad en campos como la economía, la historia, la sociología, o la crítica literaria. Esta discusión, a la que no pude aportar sino con algunas balbuceantes ocurrencias, me ha tenido pensando en estos días. Me parece ahora más que nunca que la riqueza de ideas y opiniones que encontramos en sus cuatro grandes textos corresponde precisamente a las mejores características del ensayo, del género que mejor calza a las mentes de criterio amplio e ilustrado cuyos poseedores justamente pueden considerarse exploradores de la cultura y del alma humana. El doctor Félix, siguiendo a sus grandes antecesores en este género, buscó y acaso consiguió destilar la visión más pura del ánima extraña en la que radica ese ente multiforme que llamamos “lojanidad”.
Carlos García Torres
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