Democracia, sin democracia

Estos momentos electorales de las precandidaturas nos muestran cómo algunos partidos políticos tradicionales todavía dan la oportunidad de participar en la contienda electoral. También vemos cómo ciertos actores políticos cambian de movimiento según sus intereses. Mientras tanto, quienes controlan el Consejo Nacional Electoral (CNE) y el Tribunal Contencioso Electoral (TCE) hacen y deshacen, decidiendo quién participa y quién no. Entonces surge la pregunta: ¿dónde está la democracia cuando tanto el oficialismo como la oposición deberían competir en igualdad de condiciones por una concejalía, una alcaldía, una prefectura, una viceprefectura o una vocalía de junta parroquial?

Estamos viviendo una realidad que recuerda a la de años atrás: una dictadura disfrazada de democracia. Gobiernos anteriores, al igual que el actual, han buscado controlar el CNE, el TCE, la Asamblea Nacional, la Fiscalía General del Estado y la Contraloría General del Estado. Quieren concentrar el poder, convertirse en dueños de todas las instituciones y gobernar como si fueran un imperio. No se dan cuenta de que algunos de sus seguidores actúan como súbditos, obedeciendo sin cuestionar. Harían bien en mirar más allá de lo que les dicen quienes se presentan como sus asesores.

La cancha de la democracia debe estar marcada por la equidad. Sin embargo, en una democracia debilitada por líderes que sostienen discursos carentes de autoridad moral, observamos cómo la justicia ha llamado a varias autoridades provinciales para que respondan por los recursos que administraron. Tendrán que asumir las consecuencias de los dictámenes judiciales, aunque una parte de la ciudadanía cuestione la imparcialidad de la justicia. Y, aun así, seguimos hablando de democracia.

Cuando desde algunos gobiernos autónomos descentralizados (GAD) municipales y provinciales se afirma que ciertos ciudadanos «se pongan la mejor pijama porque irán por ellos», se trata de declaraciones que pueden interpretarse como dirigidas o intimidatorias.

El poder puede darte fuerza para tomar decisiones, pero cuando llegue tu momento, quizá ya no tengas nada que decir.

Nada es eterno; todo es pasajero y mediático. Porque, con la misma vara con que mides, serás medido.

Rodrigo Iván Cordero E.

ivancord@yahoo.es

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