La irrupción de la inteligencia artificial generativa (IA) en la educación altera la enseñanza y el aprendizaje, por lo que se intenta acrecentar la disposición de estudiantes y maestros para usarla de manera adecuada, pero también se conoce el creciente fraude académico y se alerta sobre una mecanización que obstruya el pensamiento crítico. Frente a estos peligros, la UNESCO en 2024 propuso una “Guía para el uso de IA generativa en educación e investigación”, donde orienta el empleo responsable y creativo de la IA, pero enfrenta el reto de ejecutarse en un entorno donde la mayoría de las instituciones no definen hojas de ruta para la acción.
En el caso de Ecuador, en enero de 2026 el Ministerio de Telecomunicaciones y de la Sociedad de la Información expidió la “Estrategia para el fomento del desarrollo y uso ético y responsable de la Inteligencia Artificial en el Ecuador”, que señala como una línea prioritaria el “integrar contenidos de IA en procesos educativos desde la educación básica hasta la educación superior”. Es decir, la política nacional guarda armonía con la intención de la UNESCO; por ello es relevante acrecentar el conocimiento de la IA para la vida cotidiana a través de la educación.
Lo más destacado respecto a recursos, guías o casos prácticos se trabaja en centros universitarios de referencia que están fuera de Ecuador, como en la “Guía de IA para profesores en enseñanza y aprendizaje” de la Universidad de Pretoria. En ella se identifica el diálogo socrático como una forma provechosa de involucrar a las inteligencias artificiales en los aprendizajes mediante cuestionamientos que ayudan a descubrir y desarrollar las capacidades de las personas. Las IA pueden ayudar positivamente a buscar información siempre que se reduzcan los sesgos en sus configuraciones para no enmarcar las respuestas ni condicionar la formación de criterios propios.
Esta recuperación del diálogo socrático, de la mayéutica, puede ser una vía valiosa para concretar la estrategia ecuatoriana de uso responsable de la IA. Mientras el CES, el Mintel y las universidades diseñen las políticas y asignen presupuestos, se puede potenciar el derecho humano a comunicarse, a expresar la originalidad y la diversidad de las comunidades y a visibilizar sus necesidades a través de preguntas y respuestas que pueden estar mediadas por las máquinas.
Abel Suing
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