Faltan pocos meses para que Loja decida su futuro en las urnas este 2027 y, de repente, la ciudad se ha convertido en un escenario teatral. Los aspirantes a la Alcaldía han guardado el traje formal para ponerse la camiseta de «ciudadanos de a pie». De la noche a la mañana, los vemos abrazando perritos callejeros, sembrando árboles en parques que nunca visitaron, pedaleando por la ciclovía y, por supuesto, el gesto más antiguo del manual: el abrazo efusivo a un niño y el baile sudoroso en la tarima del barrio.
Pero, ¿por qué lo hacen? ¿Es genuino interés o una estrategia calculada? La respuesta está en la psicología del votante.
La política de la emoción
El cerebro humano no siempre toma decisiones racionales; a menudo, es emocional. Los candidatos utilizan estos gestos para generar lo que llamamos «heurísticos» o atajos mentales. Al ver a un candidato abrazando a un niño o bailando en una fiesta barrial, nuestro subconsciente recibe un mensaje simplificado: «Es una buena persona», «Es alegre», «Es como yo».
Abrazar a un niño proyecta una imagen de protección y futuro, mientras que bailar en un barrio intenta romper la barrera de la «élite política» para decir que el candidato tiene «pueblo». Sin embargo, el carisma no es competencia. Un excelente bailarín de pasacalles o un tierno rescatista de animales no es, necesariamente, un buen administrador de los recursos públicos, ni un experto en vialidad o gestión de agua potable.
Del flash de la cámara a la realidad de la ciudad
El peligro de este «kit de emergencia» del candidato es que nos distrae de lo fundamental. Es pedagógicamente necesario entender que sembrar un árbol para la foto no es lo mismo que tener una política ambiental sostenible. Visitar una «hueca» de comida y subirla a redes no soluciona la falta de apoyo al comercio autónomo. Abrazar a un niño en campaña no garantiza que, una vez en el poder, habrá presupuestos reales para centros de desarrollo infantil.
El reto para Loja en 2027
Lojano, la invitación es a ser espectadores críticos. Disfrutemos del folklore de la campaña, pero no permitamos que el humo de la fiesta nos nuble la vista. Cuando veas a un candidato haciendo una de estas actividades, pregúntale: «¿Cuál es el sustento técnico de su propuesta para los próximos cuatro años?»
Este 2027, que nuestro voto no sea por quien mejor baila o por quien tiene la foto más tierna con un cachorro. Que nuestro voto sea por quien entienda que Loja no necesita un «influencer» en el municipio, sino un administrador con visión, ética y, sobre todo, un plan real que vaya más allá del flash de una cámara.
Pablo Ruiz Aguirre
pabloruizaguirre@gmail.com