Esta identidad regional se manifiesta como un sentimiento hondo de querencia y pertenencia, un vínculo moral y afectivo la patricia chica que se expresa en el amor consciente y en el orgullo de su historia. Así se resume el concepto que nos propone el escritor, académico, periodista, artista y amigo entrañable, doctor Benjamín Pinza Suárez en su libro ¿Qué es la lojanidad?, obra publicada recientemente con el aval del GAD Municipal del cantón Loja y de la Fundación Cívica de San Sebastián, esta última una institución que ha hecho y sigue haciendo mucho por el desarrollo de la cultura de Loja.
La obra, nacida de una profunda fidelidad a la tierra natal, recoge y dialoga con las voces de varios escritores que han reflexionado sobre este sentimiento de identidad. A partir de ellas, el autor no se limita a definir la lojanidad: la eleva, la ordena y la reivindica no solo como un simple sentimiento, sino como un compromiso de amarla, cuidarla y honrarla con la memoria, la cultura y la responsabilidad que su grandeza nos exige. Desde un amor lúcido sereno y a la vez exigente por Loja, Pinza Suárez convoca a la unidad y exhorta – con responsabilidad histórica- a la juventud a asumir la defensa y reivindicación de los derechos que le corresponden por haber sido y continuar siendo cuna fecunda de la cultura, música y pensamiento del Ecuador.
En realidad, faltan palabras para ponderar la eficiencia y hondura de esta magnífica obra. Basta decir que es una joya literaria que era necesaria- urgente, incluso- en este tiempo difícil que atraviesa Loja: una tierra grande en espíritu, rica en historia y cultura: hoy herida por las conductas abyectas de los gobiernos de turno, pero no vencida.
Poco me queda por añadir a los muchos conceptos y merecidos elogios que ha suscitado la publicación de esta obra. Basta señalar que, más allá del libro, permanece el gesto honesto y comprometido de quien escribe para que a Loja se le reconozca lo que en justicia merece, como legitima retribución a su histórica y a su fecundo quehacer cultural y literario en el país. Expreso, finalmente, mi sincera admiración por el autor, por su labor constante y generosa en favor de Loja, con el ferviente anhela de que esta tarea – tan necesaria y silenciosa- se perpetúe en el tiempo y continúe iluminando a las generaciones venideras.
Jaime A. Guzmán R.
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