¿Es un delito la vejez?

Nuestra sociedad, a medida que el ser humano envejece se va volviendo inservible. Lejos de reconocer la experiencia y la sabiduría acumuladas durante toda una vida, se desconocen sus atributos y sus habilidades.

Para optar por un trabajo, por ejemplo, cada vez es requisito tener menos años para acceder al mismo. Se lee en los periódicos: El aspirante debe tener máximo 25 años, máximo 30 años. (Además piden experiencia) A los viejos se les aparta, se les desprecia; de alguna manera se acelera su muerte.

En las culturas milenarias orientales un ser humano adquiere más valor a medida que pasan los años. Los ancianos son venerados y se los escucha con profunda atención. Ocupan un lugar central en sus hogares y los consideran sus bienhechores. A ellos acuden los niños, los jóvenes y los adultos en busca de consejo y opiniones; se les halaga y se les respeta.

En China por ejemplo hay trabajos que no son aptos para personas menores de 50 años. En Japón los estudiantes van hasta la casa de sus antiguos maestros ancianos para llevarlos en hombros cuando hay algún evento importante.

En Oriente hay una veneración por los aquellos que dejaron atrás la juventud. Nuestra sociedad que es desigual en todo sentido, deshecha lo valioso. La experiencia que se ha acumulado en el largo camino de la vida, de nada sirve frente a quienes desconocen el bagaje de sabiduría que representan las personas mayores.

La mal llamada Inclusión Social no debería dedicarse únicamente a sembrar odio entre hombres y mujeres si no y, ante todo, en lo social. La sabiduría popular sostiene que “el diablo no sabe tanto por diablo sino por viejo” y son los ancianos quienes en otras sociedades aportan sabiamente al desarrollo nacional. Son, como diría Serrat, “aquellos niños que llegaron más lejos por haber venido antes”.

Hever Sánchez M.

@Hever_Sanchez_M

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