
Desde el momento en que se observe el título del presente editorial, los lectores direccionarán su pensamiento al asunto político, lógico, con tanta desilusión y artimañas de la clase política, qué podemos pensar los ecuatorianos.
Esta vez no toparé el asunto político, no quiero salar la sopa, que de por sí, ya está salada, direccionaré mi opinión a los expendedores de las diferentes ferias libres y a los productores “orgánicos”, entre comillas, para que tenga oído entre los consumidores, los que ejercen el control, tanto productivo, como legal, en cuanto a la forma de producir y al cuidado del consumidor.
Es asombroso observar, cómo la gente acude a las ferias libres y visita los diferentes puestos de venta; nos hablan y vamos convencidos, que los productos son baratos, porque son los productores los que expenden; que los mismos son sanos, porque ellos los producen orgánicamente; la verdad, no sé en qué feria sucederá esto, porque ni los productos son baratos, ni la procedencia de los mismos está garantizada orgánicamente.
Les comento esto, porque soy parte de la novelería, grave error, me encanta comprar moras y fresas, “orgánicas”, oh… casualidad, las cajas de embalaje son las mismas, en las que llega el producto, en la frutería del barrio, los mercados municipales y los supermercados, y, para buena suerte, cuestan más, y así, con la gran mayoría de los productos denominados orgánicos y sus famosos expendedores. Por otra parte, acabo de concluir un estudio de factibilidad sobre la producción de huevos criollos, oh sorpresa todos los productores, emplean balanceado para sus gallinas, indiscutiblemente estos animales andan libres, los crían ofreciéndoles bienestar animal, pero la pregunta del millón, ¿cuál es la diferencia entre el contenido nutricional de un huevo industrial y de un huevo de campo?, lo dejo a su criterio.
Pablo Ortiz Muñoz
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