Es frecuente que en la convivencia las expectativas cambien y el nivel de idealización descienda. Esto se da por diversos factores: la vida cotidiana, las responsabilidades del hogar, la economía, los hijos, las familias respectivas, etc., llegando a presentarse algunas zonas de conflicto que se viven en la pareja perjudicando así su relación.
Es necesario analizar y plantear nuevos horizontes de manera real que la presentada, no adecúe su contexto con las expectativas. Ello impide que usted realice oportunamente los cambios conductuales que su relación de pareja necesita.
El mejor camino para mejorar la convivencia es aquel que permita reconocer el origen de los problemas, considerando sus sentimientos y los de su pareja para definir su estado actual. Delimite las zonas de conflicto en las que se siente menos satisfecho y que puede tener repercusiones importantes para la relación. Por ello, es necesario que charle con su pareja para dar solución sana a los conflictos que puede estar viviendo.
Reconocer los factores que inciden en las conductas que realizamos cada uno y que modulan los hechos cotidianos son necesarios para evitar que afecten nuestras acciones y reacciones; me refiero a las expectativas que posee en su equipaje psicológico; es decir, a las costumbres, esperanzas, previsiones, ilusiones, principios, valores que usted tiene respecto de su relación, de su afectividad y la de su pareja, la crianza y educación de sus hijos, entre otros.
En consecuencia, nos debemos esforzar en trabajar y subsanar los aspectos que afectan la relación, pues los conflictos no se solucionarán de forma mágica ni harán que el amor resucite, así evitaremos las emociones y sensaciones de decepción de nuestra compañera de vida.
En resumen, debemos evaluar la realidad y enjuiciar los acontecimientos de forma asertiva, filtrándolos de acuerdo con la razón. Recuerda es tu decisión ser feliz.
Francisco Herrera Burgos
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