Si se sacara a todos los policías y militares a las calles utilizando estados de excepción permanentes tuviéramos una eficiente seguridad. Ahí pasan en los cuarteles jugando fútbol, ecuavoley, los llevan a construir las casas de coroneles y generales, pasan libando en los retenes, llevado mujeres, presumiendo bienes; pero el rato de la verdad son, en su mayoría, pieza de adorno que salen a las calles a pasear con celular en mano.
Ya votaron No en la Consulta, entonces a punta de estados de excepción el presidente debe gobernar; esa ‘brisa bolivariana’ es un cáncer a exterminar.
Entre los tantos requisitos para tener el permiso de porte de armas existe el psicológico que no se lo debería hacer solo a la persona que solicita uno, sino a toda la familia. Recordemos que en cada generación la psicología de las personas cambia y como vamos estamos yendo a un despeñadero que nos lleva cada vez más a la degradación del ser humano que es lo que se impone, el facilismo es la forma de vida actual.
El correísmo cuando suprimió el porte de armas tenía otros fines, la supuesta paz que se vivía era porque los grupos como Ñetas y Latin King eran y siguen siendo parte de la policía y fuerzas armadas que depurarlas sería fácil con unas pruebas de confianza que no estaría mal hacerlas en cada una de las instituciones.
Cada país tiene su propia realidad social y con excepcionalidades en el Ecuador hay una migración de peruanos, colombianos, venezolanos y libaneses, que azotan las calles nada agradables. Las armas que debemos usar en nuestros hogares y como ciudadanía tanto dentro y fuera del núcleo familiar son la razón, la cordura, el sentido común, la racionalidad y la precaución. A cuidarnos nosotros mismos porque nadie lo va hacer.
Ricardo Guamán Araujo
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