Hemos sido reiterativos en la necesidad de evaluar para mejorar el Festival Internacional de Artes Vivas de Loja (FIAVL), a fin de que no se repitan los desórdenes y la corta valoración de años anteriores.
Aunque el Ministerio de Cultura, organizador del evento poco informa de su gestión, se sabe que la ministra María Elena Machuca vino a Loja en enero del 2023, para con las autoridades y representantes institucionales, hacer una especie de evaluación, comprometiéndose con la organización de forma inmediata, designando a un lojano como director del Festival. Se han desperdiciado tres meses. No hay director y si lo hay no se insinúa. No se conoce actividad alguna. Y surgen las dudas sobre una mejor identidad del Festival, lo que es preocupante y avisa la oportunidad de actuar para que no se repita la poca preparación del evento.
Pero lo que no sabíamos son las deudas del festival. La alcaldesa Patricia Picoíta informa que el Municipio como organizador del Festival en calles y plazas, y en su administración ha pagado 286.000 dólares que se debía del 2021. Otro pago de 180.000 a los artistas que no cobraron 3 meses de sueldo y 50.000 dólares por contrataciones pendientes desde hace 4 años. Súmele el 30% por la ejecución de obras y actividades del festival anterior 2022. Con este informe se explica que los desórdenes también han sido de orden económico, advirtiendo un ejercicio de revisión general del evento.
Al margen de las deudas y dudas, conviene lo que se hace en otras ciudades del país, que una Comisión Permanente centralice desde Loja la planificación, organización y presentación del evento, para que los lojanos con celo anfitrión propongamos al país y al mundo una merecida identidad del VIII Festival Internacional de Arte Vivas Loja 2023. Es una opción. Tiene que haber otras. Pero no debemos mirar con “ojos mudos” su organización.
Adolfo Coronel Illescas