Al igual que en otros países, con las excepciones de rigor, en Ecuador la mayoría de personas viven su vida sin ninguna dirección – o mejor- sin una brújula que guie su camino. En otros términos: un gran `porcentaje de hombres vivimos sin una filosofía de vida.
Paralelamente a esta realidad desencantadora y maléfica, emerge un curioso afán de hacer dinero a como dé lugar, sin importar mucho el camino a seguirse.
Todo este trajinar ha sido producto de la deficiente educación-enseñanza que se ha impartido en nuestro país, afirmo en cierta ocasión Benjamín Carrión, haciendo juego de palabras con el título de uno de sus artículos de opinión. Y en efecto, la falta de tanto en el hogar como en la escuela, es la causa principal de este fenómeno.
En esta época en la que un centenar de ecuatorianos estamos empeñados en encontrar un sendero para sacar al país de su retraso secular, vale la pena que los centros educativos y los padres de familia en general incorporen -y si ya las tienen las fortalezcan- programas, técnicas y estrategias que enseñen a los jóvenes a planificar su vida a través de agendas que orienten su comportamiento, desde luego con principios, valores e ideas que faciliten sus tareas y guíen sus acciones para su plena realización, para lo cual necesita relacionarse con la naturaleza, consigo mismo y sobre todo y ante todo con sus semejantes. Esto último supone: respeto, tolerancia, bondad, paz, solidaridad y amor al prójimo.
La expectativa de transformación está en nosotros mismos. Es hora de luchar por otra historia para nuestra historia.
Jaime A. Guzmán R.
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