36 años de historia

Hace exactamente 36 años, cuando los relojes de Pindal marcaban las 00:00 del 15 de agosto de 1989 se celebró por primera vez la hazaña de cantonización, luego de un periplo que tomó varios años hasta lograr el objetivo final.

No era una fiesta cualquiera: era el nacimiento político de un pueblo que había soñado durante generaciones con cambiar su destino de “parroquia olvidada” a “cantón dueño de su horizonte”.

Germán Sánchez González, Róger Bustamante Sandoya, Marco Tulio González Romero, Dumani Sánchez Neira, Rómulo Sánchez Martínez, Celso Rogel, Colón Valdivieso, Jorge Ortiz y Evodio Valdivieso, entre otros prestantes pindaleños, no eran héroes de novela; eran labriegos, comerciantes, profesionales, maestros y comerciantes que surcaron los pasillos de la Asamblea Nacional, convencidos de que Pindal merecía gobernarse por sí solo.

La batalla no fue fácil. Quito escuchaba con escepticismo que un rincón perdido en el sur del país pudiera erigirse en polo de desarrollo. Pero los pindaleños argumentaban con mapas y con alma: aquí converge la carretera que une Loja con Zapotillo y la frontera con Perú; aquí el clima templado abriga maíz de calidad y café de altura; aquí las lagunas y las piscinas naturales dibujan un paisaje que parece inventado por un dios viajero.

Treinta y seis años después, este cantón del suroccidental de Loja que conjuga clima templado y suelo fértil, mide la independencia política en kilómetros de vías asfaltadas, hectáreas sembradas de maíz, como su principal fuente de ingreso de la población, y turistas que llegan con mochila y hambre de paisaje. La plaza central que vio la primera bandera ondea hoy restaurantes que ofrecen una variada gastronomía de la Costa y la Sierra.

Pindal no solo cumple años; cumple promesas. Cada delegación que se suma al desfile del 15 de agosto lleva sobre el hombro la certeza de que la libertad no es un regalo, sino una siembra colectiva. Por eso, cuando estalle el cielo con fuegos artificiales, recordaremos que el verdadero estallido fue el coraje de unos pindaleños que no quisieron ser apéndice de la historia, sino su propio capítulo.

César Sandoya Valdiviezo

cesarsandoya@hotmail.es

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