Luego de una semana de la captura de Nicolás Maduro y de la inagotable emisión de noticias sobre ello, llama la atención que las fuentes informativas sean mayormente agencias internacionales. Casi no se conoce la perspectiva interna, la opinión de los venezolanos.
Frente a los relatos que muchos desean escuchar están los reportes que se deben conocer, es decir, faltan los testimonios, los balances que los propios venezolanos deben realizar.
Probablemente los temores, las censuras y la coyuntura política inciden para que aún se restrinja el derecho a la libertad de expresión. También es cierto que las redes sociales son vías para publicar videos y datos desde el interior del país; sin embargo, se esperan mayores perspectivas de quienes viven la transición.
En las mismas redes digitales se compara a la Venezuela de hoy con la España del regreso a la democracia, de finales de los años 70 del siglo pasado. Entonces y ahora la comunicación, la libre circulación de opiniones es necesaria. De seguir imponiéndose un monopolio editorial o evitando la emisión de las voces de los ciudadanos, se correrá el riesgo de debilitar un proceso que supone devolver la esperanza a millones de personas.
El sábado 3 de enero de 2026, casi todos los canales de televisión privados venezolanos emitieron sus programas regulares; en ellos no se informó de la intervención norteamericana; la excepción fue la retransmisión de Telesur.
Les corresponde a los venezolanos contar su historia. Los aportes y lecturas extranjeros sirven de apoyo. Dentro de poco el mundo conocerá cómo un pueblo rico y educado derivó en una nación de emigrantes. La literatura y la comunicación social serán los formatos donde se narre el camino a dialogar y tolerar las diversidades.
Abel Suing
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