Mientras las ofertas de campaña de Daniel Noboa se desvanecen sin cumplirse, su credibilidad cae en picada ante un pueblo que no ve resultados.
Ahora, la función judicial, esa «señorita tan apetecida y codiciada», está en un nudo crítico. Tras la destitución de Mario Godoy, el cargo ha sido asumido de forma temporal por Damián Larco, un movimiento que despierta profundas sospechas. Larco no es un desconocido para el régimen; como exdirector del SRI, fue el funcionario que extinguió la millonaria deuda de la familia Noboa, una movida que hoy parece ser la credencial principal para custodiar la justicia.
Esta fragilidad institucional coincide con una evidente incapacidad del Estado para recuperar el control de las calles, hoy en manos de las mafias. Ante el fracaso de su modelo de seguridad, Noboa ha optado por trasladar su gabinete a Guayaquil como una maniobra desesperada para proyectar autoridad. Sin embargo, para un país que sufre el azote de la violencia diaria, este despliegue corre el riesgo de ser una distracción más frente al avance del crimen organizado y el lavado de activos, evidenciado en el Caso Goleada.
A esta asfixia social se suma ahora el cerco económico a través de las reformas al Cootad. Bajo la excusa de «optimizar» el gasto, el Ejecutivo impulsa cambios en la fórmula de asignaciones que, en la práctica, representan un despojo a la autonomía de Prefecturas y Municipios. Es una trampa institucional ya que mientras el Gobierno Central traslada la responsabilidad de la seguridad a los alcaldes, les arrebata por ley los recursos para enfrentarla.
Ante este panorama de desgobierno, la resignación no puede ser la respuesta. El momento exige que los trabajadores, pueblos y nacionalidades indígenas sigan asumiendo su rol histórico. Es determinante aunar esfuerzos para la Jornada nacional de movilización que está convocada para el 13 marzo por seguridad, alza salarial, estabilidad laboral y para poner un «stop» a este gobierno mentiroso e incapaz.
Solo la lucha popular podrá detener la política neoliberal y sus corruptelas, exigir la salida de Noboa y conquistar un gobierno popular para recuperar el país de las garras de la ineficiencia oficial y el avance de las mafias.
Remo Cornejo Luque
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