Crónica de un fraude anunciado

Las deliberadas amenazas de Nicolás Maduro, candidato a la reelección presidencial en
Venezuela, previas a los comicios del 28 de julio: “Estas elecciones ganamos por las buenas o
por las malas” y “Si no ganamos habrá derramamiento de sangre”, dieron cuerpo a una
crónica de un fraude anunciado. Creemos que el fraude es la antítesis de la transparencia que,
en democracia, debe tener un proceso eleccionario. Más antecedentes: eliminación y
descalificación de sus adversarios para obviar su participación, tal como lo hizo en Nicaragua
Daniel Ortega. Aparte de ello, Maduro, ordenó el cierre de fronteras para que no puedan
regresar emigrantes a votar y rechazó de veedurías internacionales que no eran de su agrado.
Y el día de las elecciones: instalación tardía de mesas, acoso a simpatizantes de la oposición,
cierre irregular de juntas, conteo mañoso de votos, tardanza en proclamar resultados por
parte del CNE, al que el lunes, sin que se haya hecho el conteo total, ordenó que lo proclame
triunfador, a sabiendas de que Edmundo González, había ganado y largo, con pruebas a la
mano, con una diferencia en porcentaje del 70% al 30%.
El dictador se niega a reconocer su derrota, a pesar de que muchos países de América y de
otros continentes le han conminado que transparente los resultados. Él, soberbio y vanidoso,
casi endiosado, acompañado de sus secuaces como Diosdado Cabello, ha roto relaciones
internacionales con las naciones que se han atrevido a descalificar su triunfo. Aun países de su
línea socialista, sin ambages, le han pedido que proceda con lealtad. El mundo está
conmocionado por la desgracia que le ha caído a Venezuela, para quien, de no tomarse
medidas radicales, se prevé un angustioso futuro.
Cómo nos duele Venezuela, cómo nos duele la angustia de su pueblo y su impotencia frente a
la represión y a las balas asesinas, que ya han cobrado la vida de más de una veintena de
valientes ciudadanos que cayeron luchando en procura de mejores días para su gente, cuando
se defenestre para siempre a estos siniestros personajes que, adictos al poder, mancillan el
nombre de valerosos patriotas como Bolívar y Sucre, padres de la libertad americana.

Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com

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