Hoy 9 de agosto se celebra un aniversario más de las terribles explosiones nucleares que se suscitaran hace 77 años en las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki.
Éste, es considerado uno de los crímenes más aberrantes en la historia de la humanidad, toda vez que fue una acción innecesaria, pues la segunda guerra mundial ya había terminado.
Las bombas genocidas contra las ciudades japonesas fueron perfectamente ensayadas. Solo 20 días antes, se hacía detonar la primera bomba atómica en Nuevo México, dejando por cierto a miles de personas infectadas por el cáncer y otros efectos de la radioactividad.
Mucho se ha elucubrado sobre el tema y probablemente el mundo nunca sabrá las razones que los Estados Unidos tuvieron para cometer este genocidio: ¿el inicio de la guerra fría? ¿Venganza por el ataque de Pearl Harbor en 1941? ¿Probar una sofisticada arma de destrucción masiva? ¿O simplemente demostrar su superioridad letal?; lo cierto es que hasta la actualidad aún quedan secuelas que los japoneses no podrán olvidar.
Las connotaciones que ha tenido este bombardeo ya en la pos guerra, han sido colosales. Desde la amenaza de usarlas contra países que no acatan los designios de quienes las poseen, hasta la tecnificación de las mismas bombas, solo que contundentemente más destructivas y más letales.
Los Estados Unidos han invadido naciones como Irak por el mero hecho de creer o acusarles de que poseen armas de destrucción masivas, en la mira están otros como Norcorea o Irán; éste ha sido el pretexto de hacerse de los recursos naturales de países soberanos a lo largo y ancho del planeta cuando, paradójicamente, son ellos los únicos que las han utilizado.
Por todas esas inequidades, es urgente que se forme un mundo multipolar que no esté supeditado a las decisiones de un solo poder hegemónico.
Hever Sánchez M.
@Hever_Sanchez_M.