El monopolio de la corrupción en ecuador

Jurídicamente en nuestro ordenamiento legal, no se considera la corrupción como un delito; la doctrina penal considera el conjunto de conductas que han sido tipificadas como tal en la ley; sin embargo, también son analizadas desde el punto de vista moral y social y asocian la corrupción al acto criminal; por tanto, podemos decir con propiedad meridiana que la corrupción es un crimen de cálculo, no un crimen pasional, así lo describe Klitgaard en su obra “El Crimen de la Corrupción”.

En verdad, hay santos que resisten todas las tentaciones, y funcionarios honrados que resisten la mayoría de ellas. Pero cuando el tamaño del soborno es considerable y el castigo -en caso de ser atrapado- es pequeño, muchos funcionarios sucumbirán ante las mieles del poder y el dinero fácil. El combate contra la corrupción, por lo tanto, empieza con mejores sistemas; ahí la primera gran interrogante: ¿qué sistemas aplicar para prevenir y detectar la corrupción en el sector público? el camino hacia este propósito no es sencillo ni hay una receta que aplique a todos los países por igual; dice con propiedad Frans Geraedts: […] “La corrupción es diferente en todas partes y exige métodos hechos a medida para cada caso. No funciona de la misma manera en Grecia que en Ucrania, pero incluso en Ucrania no opera del mismo modo en la policía de tráfico que en la agencia tributaria o en los ayuntamientos”. […] De ahí la necesidad de implementar un plan estructural que nos permita enfrentar con denuedo este mal que está diezmando nuestra economía, nuestra libertad y la esperanza de un mañana mejor.

Latinoamérica vive un tsunami de corrupción producto del maremoto de las organizaciones político partidistas que perdieron el norte, su visión y misión institucional; por ello es difícil determinar qué sistema político es el más corrupto y el más antidemocrático; quizá habrá que separar a Nicaragua que acaba de asestar una puñalada mortal a la democracia al modificar su constitución e insertar una disposición por la cual no pueden presentarse a elecciones los partidos contrarios al régimen que hoy gobierna ese país.

En los sondeos de opinión, de manera generalizada, se advierte que la gran mayoría de electores clama por gobernantes nuevos, sin mancha, apadrinados por una ética y conducta impolutas… cualidades que debería tener el líder ideal; sin embargo, en la práctica, muchos electores repiten su voto por candidatos que acumulan escándalo tras escándalo, inclusive apoyan el monopolio de la corrupción y en muchos casos se unen a este modelo de atraco y vergüenza ciudadana. La honradez, aunque sea una cualidad muy valorada, no es algo que distingue a un político de otro; la relación entre evidencias de corrupción y preferencias electorales es perfectamente impredecible. La ciénaga de podredumbre en la que se enredaron algunos partidos junto a los verde flex del pasado, no sirvió para hacer escarmiento, pues ahora, contra todo pronóstico, pese a que fueron victimados, vilipendiados, arrastrados y una larga lista de vejámenes de todo tipo, hoy vuelven al maridaje del pasado apoyando el proceso monopólico del prófugo y sirviendo de alfombra barata para que la pisoteen una vez más sus propios verdugos; para que esto cambie les deseamos: …buen viento …y buena mar.

Lenin Paladines Salvador

leninb14paladines@gmail.com

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