Las fuertes lluvias no solo vienen afectando a la vialidad de los cantones Puyango, Pindal, Celica, Zapotillo y Macará, sino también a los pequeños emprendimientos, los productos que no pueden llegar al mercado.
La economía de los cantones del suroccidente lojano ya era, antes de las lluvias, un equilibrio de supervivencia. La agricultura temporal de maíz, café, arroz, cebolla, frutales, depende de ciclos que el cambio climático ha vuelto erráticos. El pequeño comercio, que abastece a comunidades dispersas, opera con márgenes mínimos.
El turismo requiere de vías transitables y servicios básicos en condiciones. Cuando las lluvias golpean, toda esa fase económica, construida con esfuerzo, se desmorona con la misma velocidad con que crecen los ríos. La falta de vías en buenas condiciones impide sacar los productos hacia los centros de acopio. Disminuye el flujo de clientes en restaurantes, hoteles y hosterías. Las oportunidades, cuando se pierden en territorios sin inversión estatal sostenida, tardan en volver.
La falta de atención oportuna a los poblados golpeados por el temporal desencadena otro problema: la migración. Los jóvenes que ya no encuentran en el campo una opción de vida digna, que ven cómo sus padres luchan contra el exceso de agua sin que el Estado ofrezca alternativas reales, terminan tomando la ruta que tantos otros han tomado antes.
No es casualidad que los cantones más golpeados por el invierno sean también aquellos con mayor expulsión poblacional. La relación es directa: donde la planificación territorial es ausente, donde el empleo digno es un lujo, la situación climática se convierte en vulnerabilidad social.
El Estado debería invertir en sistemas de riego, en asistencia técnica para el agricultor, en líneas de crédito para el pequeño emprendedor, en conectividad digital que permita otras formas de generar ingresos.
La agricultura necesita ser vista como una actividad estratégica que merece asistencia técnica y canales de comercialización justos. Los emprendedores locales requieren créditos accesibles y programas de acompañamiento que no se anuncien solo en campaña. Eso evitará el éxodo rural.
César Sandoya Valdiviezo
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