Cada enero repetimos el mismo ritual; listas ambiciosas de propósitos, entusiasmo desbordante y para marzo, cajones llenos de promesas rotas; este año puede ser diferente si dejamos de lado la fantasía del cambio instantáneo y aplicamos estrategias que realmente funcionen. El mayor error es proponernos transformaciones radicales, como querer correr 10 kilómetros cuando no hemos trotado en años o leer 20 libros cuando apenas terminamos tres el año pasado; el cerebro rechaza cambios tan drásticos y aunque parezca tonto la solución comienza con micro hábitos, que no asusten a nuestra mente; cinco minutos de ejercicio o una página diaria, en seis meses esos cinco minutos se convierten en treinta.
Antes de escribir tu lista, conéctate con tu «por qué»; «bajar de peso» es un deseo vacío; «tener energía para jugar con tus hijos cada tarde» es un motor emocional poderoso; descubre qué hay detrás de cada meta, porque los propósitos sin razones mueren con la primera tentación, no confíes solo en tu fuerza de voluntad; es un recurso limitado que se agota. En su lugar, traza sistemas que faciliten tus buenas decisiones y dificulten las malas; ¿quieres leer más? deja el libro en tu almohada y el teléfono en otra habitación; ¿ejercitarte temprano? prepara tu ropa deportiva la noche anterior; mide los procesos, no solo el resultado. Este año no necesitas versiones perfectas de ti, sino versiones más consistentes y conscientes, con propósitos que no se decretan el 1 de enero, se construyen cada día.
Talia Guerrero Aguirre
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