El viejo lema romano: «si vis pacem, para bellum» (si quieres la paz, prepara la guerra), es un lema inconcebible, sin embargo, parece hoy más vigente que nunca. En un informe reciente del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) revela que el comercio mundial de armas ha aumentado casi un 10%; además, el informe muestra cómo Estados Unidos ha consolidado su hegemonía exportadora de armas como herramienta de política exterior. Este fenómeno consolida un paradigma vigente donde la paz se persigue a través de su negación más perversa, la guerra. Pregunto: ¿Cómo puede la acumulación de instrumentos de muerte generar condiciones de vida y de paz? Saben muy bien las industrias armamentísticas criminales que la paz no es un buen negocio, peor aún promover la vida, el buen vivir, de las gentes; estas industrias mafiosas incentivan una lógica circular y, peor aún, autodestructiva, a saber: 1. Primero generan en las sociedades una triada neurótica de masas: adicción, agresión, depresión. 2. Una vez que las masas sienten la percepción de amenaza, paranoia, entonces sus gobernantes fácilmente justifican el rearme. 3. Finalmente se exacerba la violencia sin límites. En fin, preparar la guerra para alcanzar la paz no es solo una paradoja, es una forma de violencia estructural legitimada. Debemos invertir, con prontitud y agrado, el horrible lema romano antes mentado por uno que diga: «si quieres la paz, cuida-protege-exalta la vida». No se trata solo de evitar las guerras, sino de construir condiciones que hagan posible la vida digna, el buen vivir, el saber vivir bien. Nuestro mundo fuera diferente si las energías que invertimos en el odio (las guerras), que no son pocas, las utilizáramos para amarnos como hermanos: «¡Mirad cuán bueno y delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!» (Salmo 133). Debemos hacer del odio un instrumento para el amor, aunque algunos megalómanos que están en el poder de turno sigan gritando «¡Más madera, es la guerra!» al puro estilo de Groucho Marx.
Jorge Benítez Hurtado
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