En las últimas semanas, tras el deshonroso triunfo de Nicolás Maduro Moros, en Venezuela, he observado asombrado muchos de los hechos y planteamientos de los mal llamados progresistas de corazones ardientes y de manos limpias, felicitando tal barbaridad.
Estos aliados incondicionales de un dictador le han dado un duro golpe a la conciencia democrática de los ecuatorianos, al demostrar solidaridad frente a este tipo de regímenes; sin duda, y lo reitero, como ya lo he expresado en múltiples ocasiones, “estos iluminet de cloaca, creen que la mayoría de los ciudadanos somos limitados”, como sus seguidores, indiscutiblemente atraídos por la corrupción, codicia y migajas que les arrojan.
Los hechos lo demuestran. Los asambleístas afines al correísmo, militantes acérrimos e incondicionales seguidores del socialismo del siglo XXI, votaron en contra del texto que calificó de fraudulentas las elecciones en Venezuela (Loaiza, 2024); parte del clan estuvo presente en ese insulto a la democracia: Rivadeneira, Palacios, Loor, Patiño…, sin duda, apoyando y direccionando algunos de los sucesos que se produjeron en el Consejo Nacional Electoral de Venezuela, ya que para eso tienen experiencia, no olvidemos al señor Pozo.
A esto se suma la vergonzosa actuación de la primera representante de este movimiento: la señora González, quien hace poco expresó que Venezuela es un ejemplo de democracia y está mejor que Ecuador; ahora, expresando que el problema de Venezuela es interno, que no nos compete a los ecuatorianos; habrá que recordarle y tomando las palabras de Kaiser: “Maduro la c… y, ¿nosotros tenemos que limpiar la m…?”, le recuerdo “la mayoría de los migrantes y refugiados de Venezuela residen en la región (6.59 millones a junio de 2024). Entre los mayores países de acogida están Colombia (2.9 millones), Perú (1.5 millones), Brasil, Ecuador y Chile” (OIM, 2024). Por lo tanto, las manos están sucias y los corazones putrefactos.
Pablo Ortiz Muñoz
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