El ‘Nuevo Ecuador’ y las viejas sombras del poder

En política, los discursos usualmente llegan primero; las prácticas tardan, pero terminan revelando la verdad. El llamado «Nuevo Ecuador» de Daniel Noboa, prometía una ruptura en las formas de ejercer el poder. Hoy, sin embargo, lo que se evidencia es una regresión peligrosa, cada vez menos disimulada, de prácticas propias de un poder que no admite límites.

Los actos ejercidos contra los alcaldes Aquiles Álvarez y Cristian Zamora no son coincidencias, ni excesos aislados; son señales de un patrón. Cuando el aparato institucional, mediático y judicial se articulan para presionar, arrinconar y/o neutralizar a quienes representan una voz distinta, ya no estamos ante un control democrático, sino ante el uso del Estado como herramienta de sometimiento político.

El problema no es la fiscalización; es su perversión. Porque cuando el control se vuelve selectivo, la ley se aplica con cálculo político y la crítica se responde con sistemática hostilidad, desparece el sistema de equilibrios y contrapesos; y consecuentemente, las instituciones se tornan en una estructura de dominación.

Y si se suma a aquello, la pasividad de la sociedad; obtenemos la implementación de una arquitectura clásica de los regímenes que erosionan la democracia desde dentro, sin necesidad de romperla de forma abrupta: «concentrar poder, deslegitimar al opositor y utilizar las instituciones para neutralizarlo».

Perseguir al opositor, no es solo un acto de debilidad, es una confesión de miedo. Miedo a la crítica, al contraste y a perder el control del relato. Un poder que gobierna desde el miedo, no gobierna, impone.

En consecuencia, cuando el poder decide que la oposición es un enemigo a ser eliminado, la democracia deja de existir en lo sustancial, aunque sobreviva en lo formal. El “Nuevo Ecuador” no un proyecto de renovación, sino un reciclaje de viejas prácticas autoritarias, donde el poder se defiende persiguiendo, silenciando y castigando. Ya no se trata de corregir el rumbo, sino de reconocer que se ha elegido, deliberadamente, el camino contrario a la democracia.

Néstor S. González Marca

nestor.gm.loja@hotmail.com

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