En el Ecuador contemporáneo, donde lo imprevisible parece ser la única constante, nos encontramos una vez más a las puertas de un proceso electoral. Si bien el marco normativo existe para garantizar el orden democrático, la brecha entre la ley y la práctica política sigue siendo abismal. La fiscalización del órgano de control suele mostrarse difusa y permisiva. Así, nos adentramos en una nueva contienda electoral donde la improvisación es la norma y no la excepción, protagonizada por estructuras partidistas frágiles y desarticuladas. El país adolece de líderes preparados para asumir decisiones desafiantes que impulsen una verdadera descentralización, entendida no como un mero trámite administrativo, sino como el motor de desarrollo para todos los pueblos del país.
Lamentablemente, la tónica de esta campaña corta parece estar marcada por el peso del capital y la espectacularidad, relegando al olvido el debate de fondo sobre reformas estructurales. Aquella vieja mística del candidato que recorría las calles, sudando y conectando directamente con las necesidades de la población, está siendo desplazada por una estrategia mucho más superficial. Hoy en día, el rédito político parece pertenecer a quien genera más polémica o «morbo» en las plataformas digitales; una ruleta populista donde el mérito cede su lugar al absurdo con tal de ganar notoriedad. El gran peligro de esta dinámica es que empuja a una ciudadanía, ya de por sí apática y decepcionada del sistema, a decidir su voto en la urna basándose únicamente en la simpatía o el carisma del momento, dejando de lado la viabilidad de los planes de gobierno y el rumbo real que proponen para el pueblo.
Este escenario nos obliga a plantearnos una interrogante incómoda pero necesaria. ¿Estamos presenciando el nacimiento de un proyecto país que camina hacia días mejores, o simplemente asistimos a otro evento fortuito y aventurero que nutre el vacío de la política tradicional? Seguir aplaudiendo la propuesta hueca solo nos garantizará, una vez más, el amargo sinsabor de la derrota colectiva.
Paúl Cueva Luzuriaga
paulscueva@hotmail.com