John Stuart Mill advertía que, incluso si toda la humanidad menos una persona compartiera una opinión, no estaría más justificada en silenciar a esa única voz disidente que esa persona en silenciar al resto. No se trata de romanticismo liberal, sino de una defensa radical de la libertad como condición del conocimiento. Sin disenso, no hay verdad; solo repetición y eso es, precisamente, lo que hoy se debe aprender en Ecuador. Ya que se promueve un clima donde la mayoría repite discursos, cifras y afirmaciones no comprobadas; algunas erróneas, otras abiertamente irreales y varias, incluso, imposibles; sin espacio para el cuestionamiento. La duda se castiga, la crítica se etiqueta como traición, pensar distinto se vuelve sospechoso. Y peor aún si es con argumentos.
El problema no es solo que se difundan datos falsos o simplificaciones peligrosas, sino que se desaliente la voz que los confronta. Cuando nadie hace la contra, el error se normaliza. Y cuando el error se vuelve consenso, deja de parecer error, así se construyen las grandes manipulaciones colectivas como las que vivimos en nuestro país.
Pero callar la resistencia no fortalece al país; lo debilita. Un Ecuador que renuncia al pensamiento crítico se vuelve fácilmente gobernable, pero profundamente vulnerable. Defender la voz incómoda no es ir contra la mayoría: es protegerla de sí misma. Porque una sociedad que no tolera la contradicción no avanza; se equivoca en coro.
Santiago Ochoa Moreno
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