Nos preguntamos: ¿Ejercer la autoridad… o abusar del poder? La primera, una persona que ejerce una delegación para realizar una gestión determinada; y la segunda, que según Tawney, […] «es la capacidad de un individuo para modificar la conducta de otros individuos en la forma deseada» […] Diferenciación que en nuestro medio es fácil identificar con los actos politiqueros sucedidos.
Pero la pregunta relevante es: ¿Quién ejerce Autoridad Moral? Cuya definición es: “autoridad moral se aquella que se impone mediante la coherencia que un individuo muestre entre sus palabras, sus valores y sus acciones”
La autoridad se la merece, es la consecución de una vida cristalina, orientada al bien común; la autoridad se ejerce con poder para construir espacios de diálogo, para enseñar a los demás ¡haciendo!… no imponiendo su omnímodo capricho, ¡sino! respetando el pensamiento y los derechos ciudadanos.
El poder por la vanidad del poder, o la exaltación subjetiva de sí mismo -según Morgan- es una aberración de la personalidad, es un acercamiento entre la anulación de un sujeto que sobrevaloró su vanidad o se quedó naufragando en el pasado… o en la bufonería de su mentor.
El abuso del poder perturba la mente del ser humano, lo vuelve irracional y refractario de su propia conciencia. El poder irreflexivo y el abuso de autoridad son enemigos irreconciliables de la razón, pues al sentirse enajenados por los vicios del poder, actúan en función de sus propios intereses; para que esto termine les deseamos: …buen viento …y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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