Volvió y amenazó

Y dale la burra al trigo dijo mi compadrito que de vez en cuando me invita a su casa para saborear un rico cuy y una chichita de jora. Gusta hablar de política, aborreciendo a los politiqueros que se sirven del pueblo ingobernable que tampoco sabe elegir.

Y dale la burra al trigo, volvió a decirme, cuando en el noticiero del medio día apareció en la pantalla un poncho dorado conocido de otros tiempos. Puse atención y moví afirmativamente mi cabeza. Estaba tan contento con el manjar de los cielos que no quería dejar de comer para contestarle.

¿En dónde estaba este falso mesías cuando la narcopolítica nos arrinconaba como lagartos hambrientos para llevarse los últimos dólares del Tío Sam, empobreciéndonos a los más p-ndejos? ¿Salir a las calles ahora que el gobierno los está acorralando, para amenazarnos con el castigo ‘robolucionario’ que será contundente? ¿Incendiará nuevamente la bella Quito?  Le contesté a las apuras que el gobierno no permitirá a estos terroristas, hacer lo que hicieron la otra vez. Parece que comprendió que más me interesaba la comidita que las amenazas de aquel oportunista. Su sangre hervía, no por la chicha, sino por las iras de escucharle. Tranquilo compadre, le dije, si sigue hablando me como su plato. Rió como si fuera cierto. Apuró su comida. Al término, muy serio dijo, compadre con flores no se va a la guerra ni tampoco con armas al amor.  ¡Ah! Si unos cuantos mequetrefes fueran encerrados de por vida, pena de muerte para los corruptos y derechos humanos para los humildes, volveríamos a ser una isla de paz.

Jaime Vinicio Meneses Aguirre