Un monstruo llamado Transformar

Nelson Mandela dijo: “La educación es el arma más poderosa para cambiar al mundo”, pero en el Ecuador no se le da la importancia que merece. En el 2016 tuve una terrible discusión con el secretario de Senescyt del gobierno de Correa, le hice muchas preguntas como: ¿Cómo es que se ofertan 80.000 cupos y hay 240.000 jóvenes dando la prueba? ¿eso quiere decir que 160.000 automáticamente se quedaran fuera? ¿Cuál es la explicación de la deserción? ¿Por qué aumentaron los cupos en universidades privadas desde que apareció la prueba? No me respondió absolutamente nada, y a pesar de los abucheos en el teatro Benjamín Carrión nada cambió.

Quién no conoce la historia, está condenado a repetirla. Hoy hemos pasado del examen Ser Bachiller al Transformar, que en la práctica sigue siendo lo mismo, los jóvenes rinden una evaluación cuyo puntaje lo único que demuestra es las fallas que tiene nuestro sistema educativo. Yo sigo la carrera que me gusta, pero ¿todos tienen esa suerte? No, muchos llevan años queriendo ingresar y otros aceptar carreras que no les gustan, pero que es la única opción que el puntaje les permite, ¿cuál es el resultado? 40% abandona la carrera antes del segundo año, un gasto para el Estado y para las familias, y sucede porque se toman decisiones sin debate y consenso entre jóvenes y técnicos.

Mi lucha es simple: el examen Transformar debe ser modificado por un nuevo modelo que permita a todos el derecho a la educación, que el gobierno en lugar de reducir presupuestos los mejore para tener más cupos e infraestructura, un examen que tenga bases científicas para que cada persona conozca su verdadera vocación y pueda seguir una carrera adecuada, lo repito: los jóvenes no somos el futuro sino el presente del Ecuador, y una simple prueba mediocre no refleja lo que somos y mucho menos lo que podemos llegar a ser.

Marcos Antonio Valle Vargas

vallemarcos00@gmail.com

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