Que lección nos deja el Festival de las Artes Vivas

Para escribir el presente editorial me tome la molestia de indagar a algunos ciudadanos sobre su opinión, respecto al desarrollo y vivencias de la octava edición del Festival de las Artes Vivas en la ciudad de Loja. Este análisis modesto, tan solo de un boca a boca, lo apliqué al ciudadano común, al transeúnte, al amigo, al vecino.

Sin ánimo de aburrirlos, escuché tantas críticas negativas, que estoy a punto de terminar creyéndolas; claro está, y tenemos que entender que la ciudad es diversa, y al Festival llegó mucha gente, costeños, serranos, amazónicos, extranjeros, propios y extraños, por supuesto, se incluyen los pillos, las grillas y los audaces, conjugando muchos criterios y multiplicidad de opiniones.

Presencia de jóvenes, adultos y ancianos rondaron cada esquina, y cada acto que en la misma se desarrolló, por lógica, no se puede complacer a todos, pero lo que sí estoy seguro, que se mostró más organizado que otros años, la gente caminó con confianza, sin importar la hora, los jóvenes disfrutaron los espectáculos programados para ellos, lo propio la gente adulta y los ancianos, a mi criterio el Festival se mostró mejor pese a sus limitaciones. Tuve la suerte de asistir a algunas obras de teatro, nacionales y extrajeras, todas magnificas, teatros llenos, gente satisfecha; indiscutible, tenemos que mejorar la organización, se lo puede hacer, en Loja hay capacidades, si como ciudadanos queremos que mejore, aportemos con iniciativas y colaboremos para que el mismo eleve su trayectoria a nivel mundial, todos podemos contribuir, limpiando nuestras veredas, siendo amables con los visitantes, mostrando precios justos por nuestros productos y servicios, colaborando activamente desde nuestro rincón, recordemos que el beneficio se multiplica para todos, y que, a Loja, le hace falta un pequeño sacudón económico.

Pablo Ortiz Muñoz

acuapablo1@hotmail.com