Panem et circenses

Las formas de dominación política siempre varían en el tiempo, pero las lógicas que están por debajo de ellas parecen no cambiar demasiado. Juvenal en sus Sátiras dejó escrita la ya conocida panem et circenses, con la que se refería a vocación del poder por enmascarar sus verdaderos deseos, entreteniendo a la gente. El mundo de hoy llevó el entretenimiento a otro nivel: ya no es el momento de ocio, contemplación, de suspensión del mundo y su tiempo lineal, sino que ha ido provocando que el entretenimiento ocupe la mayor parte de la vida de la gente. Celular en mano, internet provisto, y redes donde prolifera la banalidad y el espectáculo, van fabricando un phono sapiens cuyo universo está en el aparato que maneja su mano.

Vivimos tiempos donde la información que, sin cesar circula, genera la ilusión del conocimiento o la verdad. Son mecanismos que desactivan la memoria porque rebasa la capacidad de procesarlo todo críticamente. Es un despojo sistemático del pasado, un borramiento, un silenciamiento de la historia, donde las únicas formas válidas de estar, son las dictadas por las modas regidas por los algoritmos.

Ya no hay espacio para la sorpresa, y si es que existe, es un espacio reducido donde la perplejidad no conduce al pensamiento, sino al olvido por el peso que eso puede representar. Hay, por tanto, una anulación de los compromisos frente a las necesidades colectivas. Las anomalías son vistas como naturales, y se las deja suceder porque así han sido siempre.

La versión moderna del panem et circenses se reproduce bajo nuestra propia voluntad y gusto. Es la forma de la dominación perfecta.

Pablo Vivanco Ordóñez

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