El tablero de la vida, más allá del blanco y negro

El tablero de ajedrez, con sus casillas blancas y negras, representa una metáfora perfecta de la dualidad que impera en la vida. Desde tiempos inmemoriales, la humanidad se ha visto fascinada por la dicotomía entre el bien y el mal, lo positivo y lo negativo, los extremos que parecen definir nuestra existencia. Sin embargo, esta visión simplista, que nos impulsa a juzgar y clasificar cada acción en una de estas dos categorías, nos aleja de la complejidad y la riqueza de la experiencia humana.

El tablero de ajedrez también nos enseña la importancia del equilibrio. Para ganar una partida, no basta con mover las piezas de forma impulsiva, sino que es necesario desarrollar una estrategia que tome en cuenta la posición de todas las piezas y las posibles jugadas del oponente. De la misma manera, en la vida, debemos aprender a navegar entre los extremos, buscando el punto de equilibrio que nos permita actuar con sabiduría y compasión.

En este camino hacia el centro, el autoconocimiento juega un papel fundamental. Al comprender nuestras propias motivaciones, valores y creencias, podemos tomar decisiones más conscientes y alineadas con nuestro ser interior. A su vez, la empatía nos permite conectar con los demás, comprender sus perspectivas y construir relaciones más profundas y significativas.

Vivir en el justo centro no significa permanecer inmóviles o indiferentes ante las injusticias del mundo. Por el contrario, implica tomar una posición activa en la búsqueda de un mundo más justo y equitativo. Sin embargo, esta lucha debe estar guiada por la comprensión, la compasión y el respeto, no por el odio o la venganza.

En definitiva, el tablero de la vida nos invita a trascender la dualidad y abrazar la complejidad de la existencia. Al aprender a movernos con equilibrio, sabiduría y compasión, podemos navegar por los desafíos de la vida y construir un futuro más armonioso para nosotros mismos y para las generaciones venideras.

Mauricio Azanza

maoshas@gmail.com