El simple poder

Obsesión, delirio, locura, no son sinónimos entre sí y tampoco de Poder, pero si son efectos inevitables de una exposición permanente y desmedida de él.

Algunos creen que el poder no te cambia, sino devela quien realmente eres, otros fielmente están convencidos que el poder vicia, ciega y trastoca a un ser diferente. De cualquier forma, el poder tiende a corromper y extraviarte en el ejercicio mismo, y cuando es un poder absoluto corrompe absolutamente.

De allí que la lista de tiranos es interminable, endiosando cada cuanto un demagogo que, en búsqueda de lo deseado, tomará las decisiones maquiavélicas necesarias y adoptará el despotismo, la intolerancia y el abuso, como forma de gobierno, frente la opresión y dominación de su pueblo.

Relatos y escritos, miles de páginas sobre las peores atrocidades, han convertido a la historia en un legado de horrores y errores, que deberían de ser una fuente de aprendizaje perenne, sin embargo, no es así y poco hacemos uso de ella.

Entonces cada ciclo volvemos a encumbrar ídolos de oro, investidos de opulencia y autoridad, y aupados por miles de feligreses que creen en la magia del Poder y en la bondad de quien lo ejerce.

Y si, lamentablemente la historia es cíclica y una vez más vivimos la opulencia y la invulnerabilidad gubernamental en contraste con la miseria, la escasez y la inseguridad social.

Porque el mismo sistema y la clase política han desintegrado la credibilidad de la democracia, llevándonos al punto donde la gente cree, que actualmente sería mejor una dictadura, otorgándole razón a las palabras de Nicolás Maquiavelo en que: “…Solo un príncipe astuto y sin escrúpulos morales, puede garantizar un orden social justo que frene la violencia humana”.

Ponderando nuevamente la principios totalitaristas y dictatoriales que otrora ya horrorizaron al mundo.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com