El Convenio de Viena

El Art. 22.1 del Convenio de Viena sobre Relaciones Diplomáticas establece que ‘los locales de la misión son inviolables. Los agentes del Estado receptor no podrán penetrar en ellos sin consentimiento del jefe de la misión’. Este privilegio e inmunidad se explica en tanto el local de una misión se considera como una extensión del territorio del Estado acreditante.

De ahí que llama la atención la posición de la Cancillería de Ecuador de solicitar ‘… a la Embajada de México el consentimiento para que las fuerzas del orden puedan dar cumplimiento a la disposición de la Corte Nacional de Justicia, de capturar al ciudadano Jorge David Glas Espinel, quién permanece en esa Misión Diplomática’.

Con razón, Alicia Bárcena, secretaria de Relaciones Exteriores de México, calificó a ese planteamiento como un absoluto despropósito, en tanto se pondría en duda la figura de la inmunidad diplomática de las misiones.

De ahí que una cosa es que Jorge Glas Espinel, esté embarrado hasta el cuello por actos reñidos con la ley, por lo que ha sido sentenciado por actos de corrupción, asociación ilícita y cohecho; y, otra diferente, la aplicación y respeto del derecho internacional, y más si está en curso la respuesta a una solicitud de asilo planteada por parte de ese incómodo ‘huésped’ que tiene la Embajada mexicana en Quito.

Lamentablemente, el país, años atrás, durante el gobierno de Lenin Moreno, en una franca violación al Convenio de Viena, permitió el ingreso de la fuerza pública a su sede diplomática en Londres, para que la bota policial arreste a Julian Asaange, para lo cual, de un plumazo, le retiró el asilo diplomático que le fue concedido en su momento, dejando así un peligroso precedente –en el mundo- en referencia a la institución del asilo.

Giovanni Carrión Cevallos

@giovannicarrion