El buen entendedor y las muchas palabras

Un día de estos, en un noticiero radial de la mañana, en el sopor de esas horas, creí escuchar una de las gangosas letanías de «Bad Bunny». Poniendo una pizca de atención intuí que se trataba de un ministro, o viceministro, o subsecretario, lo mismo da, que se refería al estado de catástrofe en que se encuentran las carreteras y las vías de acceso a Loja. Se entiende el disgusto de los lojanos, balbuceaba el funcionario, es un reclamo justo, vamos a conversar a ver que se puede hacer al respecto, agregaba, y seguía por el mismo camino y con el mismo estilo expresando todas sus cálidas simpatías a la provincia, pero sin que sus ofertas alcancen un mínimo de verosimilitud. Nada más que el clásico ya veremos y todos los manoseados pretextos que son de uso común de los ministros de obras públicas que han visitado Loja desde hace cuarenta años. Todos nos comprenden, nos vienen comprendiendo desde siempre, seguramente somos el pueblo más comprendido del mundo, pero más allá de las palabras, del pastoso torrente de palabras ministeriales, sólo queda la nada, el completo vacío de obras y de presupuestos. Es tan largo el trecho que existe entre la simpatía y la justicia que en él caben todos los años de marginación que nuestra Loja ha sufrido, todos los tortuosos caminos pavimentados con pincel, todos los agujeros negros y de muchos colores que nos saludan a la vuelta de una curva.

Las consecuencias morales más tristes y desalentadoras de esta situación, se pueden ver en la zalamería y los apretones de manos con los que nuestras autoridades y nuestros dirigentes políticos reciben a cualquier quídam que se baje de un vehículo oficial y que sellan, una vez más, la venta de este último rincón del mundo.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com