Displicencia

Una Institucionalidad en crisis, un país en la completa desolación, y la gobernabilidad, encabezada por un ejecutivo al borde de un inminente juicio político, todo esto terminaría por desbaratar la poca estabilidad que se cree poseer.
No son solo percepciones ciudadanas, o encuestas manipuladas, la sensación de inestabilidad es perenne y generalizada. El país transita en la zozobra, semana a semana las redes y noticieros se inundan de controversias y polémicas políticas, que tienen en Carondelet su mayor protagonista.
Por un lado, un constante flujo de notas y filtraciones que señalan a un gobierno corrompido por la mafia, altos mandos inmiscuidos en la corrupción y la clase política (llamada a gobernar) totalmente captada por la descomposición burocrática, y sin voceros oficiales que generen la confianza necesaria; Por otro lado la sociedad se descompone día a día, las bandas reclutan jóvenes sin mayor problema, los hogares vuelven a fracturarse por la migración sin reparos, y los hechos delictivos siguen ahogando en un mar de violencia a la población civil, que desde los estratos más vulnerables, ya viene llegando a zonas urbanas, residenciales y comerciales que jamás imaginaron tener que pagar por protección, por seguridad, por trabajar.
El cotidiano vivir se convirtió en una supervivencia y el trabajar en un privilegio. Hoy el trabajo ya no es un derecho, la seguridad tampoco, el Estado ha depuesto su rol de monopolio de la fuerza y del orden, por mafias que hoy gobiernan.
Mientras que las autoridades acorraladas en su aparente comodidad, se mantienen con mentiras y falsedades expuestas por falsos reporteros. La displicencia se convirtió en la comunicación directa.
Esta vez la democracia fallo, y la elección no nos representó.

Jorge Ochoa Astudillo
socjorgeochoaa@gmail.com