Desidia moral

“Poco me importa el otro, es más, si pudiera desaparecerlo sería mejor; porque la aniquilación y el exterminio de mi antítesis es el objetivo ulterior y el de mis comunes”.

Frases como éstas resumen la obscura polarización social a la que hemos sido sometidos en las últimas semanas, después de que el gobierno de turno, ejecutara una desacertada maniobra política de nula diplomacia internacional, demostró también la más nefasta realidad que aún nos negábamos a reconocer: somos una sociedad formalmente primitiva y con un peligroso grado de fascismo.

Durante la crisis, se aplaudió la ignorancia y se hizo una oda al irrespeto de siglos de construcción diplomática, so pretexto de una carga hormonal de la cual se deja más dudas que certezas.

Paralelamente, la ignorancia del Derecho Internacional de un gobierno, desató en sus huestes una sed de sangre y violencia impropia de un Estado que se jactaba de ser “un país de paz”, y en su lugar abrió la puerta a la persecución, el asecho y el ultraje mediático por parte de una impensable minoría.

Pero esto pasa puertas adentro, porque mientras aquí nos desgarramos las vestiduras por nuevos ídolos, a nivel internacional se repudia y se condena el actuar de una nación.

Definitivamente existe una desidia moral cuando de política se trata, pues en sindéresis estamos a las puertas de un fascismo local, ya que los medios y el gobierno han identificado en un grupo político plenamente señalado como el enemigo a eliminar.

Lo más preocupante es que todo esto sucede cuando a nivel internacional las alarmas de una hipotética Guerra Mundial se promocionan virtuosamente como un espectáculo de la barbarie y la testosterona propia de un Facho.

Se lamenta profundamente que el fanatismo mueva más que la razón, y por ello como decía Spineta “nunca conviene endiosar demasiado a nadie, por las dudas que después quiera ser presidente”.

Jorge Ochoa Astudillo

jorge8astudillo@gmail.com