De paredes que se ofenden y crímenes cotidianos

Los periódicos se encargan de imprimir noticias y lo que es noticia es aquello que es novedad, es decir, lo que se sale de lo común o lo cotidiano. Al finalizar el 8M en los periódicos apareció la novedad de que los preciados muros, estatuas o monumentos del país habían sido violentados con pinturas y consignas feministas que demandaban justicia social. De repente un patriotismo y civismo, que usualmente solo aparece cuando juega la selección de futbol, despertó enfurecido para demandar que la propiedad pública sea respetada. Las redes sociales se inundaron de frases como, “en lugar de dañar deberían trabajar”, “ellas no me representan” o preguntándose “¿Con esto ya se solucionaron los feminicidios?”

Estos defensores de la arquitectura querían hacer notar que no estaban en contra de la protesta, sino que no estaban a favor de las formas. Ante esto quisiera hacer notar que, el que una persona que nunca ha tenido que luchar por sus derechos (como yo) le explique a otra que sí ha tenido esa necesidad, “la forma correcta de hacerlo”, guarda la misma lógica que alguien que nunca ha jugado fútbol (como yo) le explique a Lionel Messi cómo cobrar un tiro libre.

Tan solo entre marzo y agosto del año pasado se registraron cerca de 20.000 casos de violencia de género e intrafamiliares. Con estos números se puede entender por qué no se ve como novedad la violencia de género y sí las paredes manchadas, pero queda la pregunta ¿Y si se enfrentara la violencia de género con la misma indignación con la que se enfrenta las paredes pintadas?

Alex Samaniego

@AlexSMA21

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