Amigos de toda la vida

Quien no tiene su mejor amigo, quien no ha forjado una verdadera amistad, de aquellas que decimos en las buenas y en las malas, de aquellas que te marcan por la eternidad. Hace pocos días tuve la gran sorpresa de comunicarme por los medios sociales con amigos de la niñez, con los cuales no hablaba en por lo menos 40 años, definitivamente fue gratificante, con cierto grado de nostalgia y lágrimas de alegría al recordar las aventuras de la niñez, los amoríos e ilusiones propias de la adolescencia, el primer cigarrillo y primera copa, el fútbol y el índor que lo practicábamos de manera obligatoria todos los fines de semana, ya que esa era la diversión, el juego.

Cada uno de los momentos y las experiencias vividas hicieron que surjan los sobrenombres como comúnmente los llamamos: ‘el funda’, el flaco (o fiscal), el botella, el gordo, chico silencio, el mayor, el Pablito, don toga, macheno, loro, entre otros. Si por cosas del destino tuvimos que dejar el terruño que nos vio nacer y mudarnos a diferentes partes de Ecuador, Estados Unidos, España y Francia, no es menos cierto, que ese cariño de hermanos jamás murió, simplemente estaba en un sueño profundo que era necesario despertarlo para que el corazón se agite y lata aceleradamente como cuando uno ve a su verdadero amor, su cónyuge, esposa, hijos o padres.

Se dice que los hermanos son una casualidad, pero los verdaderos amigos de toda la vida son la familia que se nos permite escoger, por eso quiero decirles gracias por ser parte de mi familia, por haber compartido muchos años de nuestra vida juntos, con esa fortaleza propia de la juventud, con los aciertos y errores, pero que sin dudarlo fueron años maravillosos.

 ¡Qué vivan los amigos de siempre, viva la amistad!

Francisco Herrera Burgos

gruposar16@gmail.com