50 años en mi corazón

La tierra mágica, paradisiaca y prodigiosa, cumple 50 años de haber alcanzado su independencia económica y política. Su nombre es Espíndola en honor al caudaloso río, punto limítrofe entre Ecuador, (zona sur) y Perú, (sector norte), hoy en su fecha sagrada nos inclinamos reverente, incólumes, respetuosos e indemnes.

Sus 7 ríos, su encantador sistema lacustre de 36 lagunas, sus  hermosas cascadas cristalinas de hasta 100 metros de altura, sus  celestiales paisajes y su exuberante agricultura, hacen de esta bendita tierra, el vergel de la geografía ecuatoriana y hoy al celebrar sus bodas de plata nos inspira gritarle al mundo entero que somos bendecidos por Dios.

Es innegable que Espíndola ha tenido su progreso, desde que se conformó el primer cabildo, allá por el año 1970, todos los burgomaestres, concejales y autoridades seccionales han contribuido a su desarrollo, algunos con más talento, perseverancia y entrega, pero todos merecen un reconocimiento y hubiese sido ideal hacerlo en este aniversario de bodas de oro. No obstante, hoy por hoy nuestro cantón carece de obras emblemáticas que le permitan superas barreras que lamentablemente lo siguen poniendo con la imagen o una especie de impronta  como el segundo cantón más pobre del Ecuador, estigma que debemos desterrarlo de manera definitiva, generando  mayor productividad basada en sus bondades y potencialidades únicas.

Espíndola lo tiene todo para proyectarse a un nuevo escenario, priorizando políticas sociales de mayores oportunidades, implementando una nueva filosofía de gobernar y administrar, siendo condescendientes con la visión de los colores de nuestra bandera: el amarillo que representa la  riqueza, el azul que refleja lealtad y el verde, que equivale  esperanza, Los mejores días están por venir y por ello proclamo: Espíndola, 50 años en mi corazón.

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